Los tapices —grandes decorados textiles que ornamentaban palacios, iglesias y residencias señoriales— constituyen uno de los mejores ejemplos de intercambio artístico y comercial entre Flandes (actual Bélgica) y España. Desde finales de la Edad Media hasta nuestros días, un constante flujo de artistas, modelos y encargos ha vinculado de forma duradera Bruselas, Malinas, Tournai y Oudenaarde con las cortes e instituciones españolas.
Un arte flamenco exportado a España desde el Renacimiento (siglos XIV-XV)
La historia del tapiz se remonta al Egipto helenístico (332-402 a. C.), aunque su edad de oro se produjo en Europa a partir del siglo XIV. La célebre Tapicería del Apocalipsis, encargada por Luis I de Anjou, testimonia su relevancia histórica.

Entre 1400 y 1450, Tournai y Arras se consolidaron como los primeros grandes centros de tapicería europeos. Su reputación alcanzó pronto España, donde la nobleza comenzó a importar piezas flamencas.
Desde el siglo XV, los talleres bruselenses y los de ciudades cercanas —Gante, Tournai, Oudenaarde y Malinas— se especializaron en grandes series figurativas. Estas manufacturas destacaron por su dominio técnico, combinando hilos de oro y plata con lana y seda, y por la calidad pictórica de los cartones, dibujos preparatorios realizados por pintores de prestigio. Familias de taller como la de Pieter van Aelst en Bruselas alcanzaron fama internacional y abastecieron a numerosas cortes europeas, incluida la española.
Los tapices desempeñaban un papel central en la vida cortesana y ceremonial europea: fiestas, entradas triunfales, coronaciones, banquetes, torneos, canonizaciones, bautizos o responsales reales. Su presencia trascendía la decoración, configurando un auténtico dispositivo de representación simbólica del poder. Desde el siglo XVI, el Real Oficio de la Tapicería se encargaba de su conservación, instalándolos y retirándolos según la estación, transportándolos en los desplazamientos de la corte y exhibiéndolos en fachadas durante celebraciones como la procesión del Corpus Christi.

Los Habsburgo de España: la edad de oro de los encargos reales (siglo XVI)
La casa de Habsburgo, que gobernó simultáneamente los Países Bajos meridionales y España durante los siglos XVI y XVII, desempeñó un papel decisivo en el auge de la tapicería flamenca. Príncipes y monarcas encargaron imponentes ciclos —bíblicos, mitológicos e históricos— destinados a exaltar su poder, ornamentar palacios y capillas o servir como obsequios diplomáticos.
En 1516, Carlos de Habsburgo accedió al trono español como Carlos I (futuro Carlos V). Heredero de los Países Bajos borgoñones, favoreció naturalmente las manufacturas flamencas. Cada centro productivo aportaba rasgos distintivos: Bruselas, gracias a su proximidad a grandes artistas como Bernard van Orley y a talleres reputados como los de Pannemaker o van Aelst, realizaba series particularmente suntuosas; Oudenaarde destacaba por la finura de su tejido; Malinas trabajaba tanto para encargos eclesiásticos como privados.
El maestro y comerciante tapicero Pieter van Aelst tejió varias series para la corte, entre ellas Los Hechos de los Apóstoles, a partir de cartones de Rafael. Aunque concebidas para el Vaticano, versiones de esta serie fueron encargadas por Carlos V y Felipe II.
Felipe II continuó esta política, incorporando numerosas tapicerías flamencas a la decoración de El Escorial y de los palacios reales madrileños.
Artistas y manufacturas: diálogos creativos (siglo XVII)
La relación no se limitó a la exportación de textiles. Pintores flamencos de primer nivel concibieron modelos destinados a talleres bruselenses que tejieron vastas series para conventos y palacios españoles.
Hacia 1625, Rubens recibió de la infanta Isabel Clara Eugenia —hija de Felipe II y gobernadora de los Países Bajos— el encargo de realizar veinte cartones sobre el Triunfo de la Eucaristía. Tejidas en Bruselas por Jan II Raes y Jacques Geubels, estas obras maestras del barroco se conservan aún en su emplazamiento original: el convento madrileño de las Descalzas Reales.

Declive y transformación: Goya precursor del modernismo (siglos XVIII-XIX)
Entre 1700 y 1750, los talleres flamencos afrontaron la competencia de la Real Fábrica de Santa Bárbara en Madrid, fundada por Felipe V para ornamentar los apartamentos reales y residencias como La Granja, Aranjuez, El Escorial o El Pardo. No obstante, esta manufactura española se inspiró directamente en los modelos flamencos.
En 1775, gracias a su cuñado Francisco Bayeu, Goya obtuvo sus primeros encargos de cartones para la Real Fábrica de Tapices. Llegó a realizar alrededor de sesenta composiciones al óleo, concebidas para convertirse en tapices destinados al Palacio del Prado o al Escorial. Estas escenas luminosas, de temática popular madrileña y función esencialmente decorativa, anticiparon rupturas estilísticas que influirían en el siglo XX. Tras diversas vicisitudes, los cartones fueron transferidos al Museo del Prado en 1870.

Redescubrimiento, modernización y coleccionismo (siglos XIX-XX)
El arte textil español recibió el impulso de grandes figuras modernistas. Pablo Picasso exploró el lenguaje del tapiz desde perspectivas cubistas y surrealistas, mientras Salvador Dalí también concibió diseños destinados a su realización textil.
En Barcelona y Madrid surgieron creadores que trasladaron su universo pictórico al tejido. Joan Miró vio igualmente sus obras adaptadas a tapicería. Destacan asimismo Antoni Tàpies, figura clave de la pintura matérica que amplió su práctica al ámbito textil, y Josep Grau-Garriga, pintor y liciero que concibió la tapicería como objeto escultórico sin recurrir a cartón previo, dotándola de una notable densidad material.
Herencia y vínculos actuales: conservación, investigación y exposiciones (siglos XX-XXI)
Hoy, la historiografía artística redescubre el papel fundamental de las manufacturas flamencas en la configuración del gusto europeo.
Entre 1950 y 1980 se desarrollaron importantes campañas de restauración en España y Bélgica. En 2014, la exposición Rubens. La sombra y la luz celebrada en Bruselas puso de relieve sus cartones de tapicería. Más recientemente, entre 2019 y 2022, diversas colaboraciones entre el Museo del Prado y los Museos Reales de Arte e Historia de Bruselas reforzaron los intercambios científicos y expositivos.
La cooperación en torno a las tapicerías históricas de la Corona española persigue hoy preservar, estudiar y difundir un patrimonio tan frágil como excepcional. Restauraciones, préstamos internacionales, investigación académica y exposiciones itinerantes contribuyen a visibilizar conjuntos tejidos en los Países Bajos para la corte española, testimonios de un prolongado diálogo artístico europeo.
Las nuevas tecnologías ocupan un lugar central en la conservación y estudio de este patrimonio textil. La digitalización 3D y las bases de datos especializadas permiten documentar las obras con precisión y garantizar la transmisión del conocimiento. Paralelamente, avances en conservación —como la creación de depósitos especializados en el Palacio Real— y la reapertura de espacios expositivos en La Granja, El Escorial y las Descalzas Reales evidencian un renovado compromiso institucional.
La participación en proyectos internacionales interdisciplinarios ha permitido desarrollar protocolos innovadores de estudio y conservación, confirmando la calidad excepcional de la colección real española y su potencial como laboratorio para la preservación del patrimonio textil.
Lo que se teje en el futuro: una revitalización espectacular
Lejos de considerarse un arte obsoleto, la tapicería vive hoy una notable revitalización. Artistas y artesanos reinterpretan su historia y técnicas —como en Aubusson, reconocidas por la UNESCO— al tiempo que exploran nuevos lenguajes y temáticas, demostrando su vigencia expresiva.
El tapiz trasciende además el ámbito mural para influir en la moda contemporánea, donde motivos inspirados en la tradición textil aparecen en prendas y accesorios, especialmente en la alta costura.
Más allá de su riqueza material, los tapices constituyen auténticos relatos tejidos: narran historias bíblicas, mitológicas o políticas, afirman jerarquías y construyen imaginarios de poder. Su producción histórica por artistas flamencos para monarcas españoles ilustra la permeabilidad cultural de la Europa moderna, donde las fronteras políticas no impidieron el intercambio artístico, sino que lo estimularon.

y Le Crecit en Tournai
El legado de los grandes maestros perdura hoy en Tournai, en los talleres del Crecit, y en Malinas, donde la Manufactura Real de Tapicería De Wit se ha consolidado como referente mundial en restauración y conservación de tapices antiguos. Fundada en 1889, esta institución colabora con museos como el Louvre, el Prado, el Vaticano o el Metropolitan Museum of Art. Sus artesanos restauran las obras hilo a hilo, respetando su materialidad y su historia. Uno de ellos es Edmond Dubrunfaut.
Instalada en un antiguo palacio arzobispal de Malinas, De Wit combina saber hacer tradicional y tecnologías avanzadas —imagen infrarroja, análisis de fibras, documentación digital— encarnando el paso del gesto creador al gesto conservador y garantizando la supervivencia de obras maestras tejidas para las cortes europeas.
Isabelle de Schoutheete
Descubre una ruta turística y cultural diferente por España de la mano de los
más valiosos tapices de Flandes tejidos entre los siglos XV y XVIII.
Son espectaculares obras de arte que fueron objeto del deseo de reyes,
nobles y principales clérigos, y símbolo de su poderío durante siglos.
www.flandesenhispania.org
Esta ruta cultural es una iniciativa de la Fundación Carlos de Amberes en colaboración con el consorcio Grupo Enciclo.









